No hay nada más raro que comenzar una clase así: “¿Tenéis preguntas?”

Os pongo en contexto. Cinco de la tarde de un viernes, después de una semana agotadora, 25 mentes cansadas que sólo pensaban en salir a tomar una cerveza y una mujer de actitud desconcertante, que nos miraba fijamente mientras nos preguntaba si teníamos alguna pregunta. Como si la pobre estuviera esperando a que reaccionáramos o a que algo despertara dentro de nosotros.

“¿Tenéis alguna pregunta?”- volvió a repetir.
“¿Pero qué broma es ésta?”- pensábamos todos. Aunque nadie se atrevía a romper el silencio.
“¿No tenéis preguntas?”. Nada. Sólo silencio. Y alguna risita nerviosa.
“¿Pero qué vamos a preguntar? ¡Si la clase todavía no ha empezado!”- murmuraban algunos valientes.

Entonces, la mujer de actitud desconcertante se acercó, nos dio una caja de cartón cerrada y comenzó a hablar.

Una vez alguien me dijo que todas las personas con las que nos cruzamos a lo largo de nuestra vida, tienen algo que enseñarnos, y está en nuestra mano aprovechar la oportunidad de aprenderlo o no. Desde entonces, intento tener los ojos y los oídos muy abiertos, por si me pierdo algo importante. Sin embargo, nunca habría imaginado que esa tarde, en una clase sobre diseño estratégico, iba a escuchar algunas enseñanzas que me recordarían CÓMO QUIERO VIVIR.

Quiero vivir viendo las cosas desde otra perspectiva, cambiando la manera de ver el mundo y sin juzgar a las personas. Conocer la historia de alguien, puede hacer que un simple dibujo adquiera más valor, que deje de ser un dibujo aislado, comparable con los miles de millones de dibujos que existen en el mundo, para ser el dibujo de Carolina. Y entonces ese dibujo se transforme en un grito a la esperanza, a la felicidad y a las ganas de vivir.

Quiero vivir recordando. A lo largo de la vida nos ocurren muchísimas cosas y a veces, si no tomamos nota, las perdemos. Nos perdemos el placer de recordar lo que ya se fue, nos perdemos el inmenso regalo de revivir un sentimiento, nos perdemos la oportunidad de dar voz a lo que estaba oculto. Nos perdemos la posibilidad de comprender las circunstancias que nos han llevado a ser la persona que somos hoy.

Quiero vivir actuando. Las opiniones, las creencias y los juicios de uno no le sirven al mundo para nada. Lo que la gente recordara sobre ti no son tus ideas ni tus buenas intenciones, sino que recordarán tus actos, tus demostraciones de amor de cada día y tu determinación para cambiar aquello que estuvo en tu mano.

Quiero vivir observando. ¿Estás aquí y ahora conmigo? ¿Estás poniendo todo tu ser en lo que estas haciendo ahora? Diseño de pensamiento se trata más de actitud que de tareas que llevar a cabo. La actitud de estar dispuesto a observar qué necesita el otro de mí y de pensar cómo puedo yo ponerme a su servicio.

Quiero vivir preguntándome. Todos tenemos las mismas respuestas porque todos nos hacemos las mismas preguntas. Si partimos de la pregunta que se hace todo el mundo, el resultado va a ser siempre el mismo. Quiero hacerme las preguntas que importan. Y quiero vivir buscando respuestas.

Quiero vivir compartiendo. Al final todo es relación. La vida se basa en construir relaciones con las personas. Y es que nuestros proyectos no hablan de la diabetes, de la obesidad, del cáncer, de la tercera edad, de la adherencia a fármacos…Nuestro proyectos hablan acerca de la relación de las personas con las personas. Y nuestra vida habla también de la relación de las personas con las personas. ¡Pero cuántas veces se nos olvida!

Al final de la clase le pregunte a Mireia que si tuviera que resumir en una frase lo que quería transmitirnos ese día qué nos diría. Después de pensar unos minutos me contesto: “Cuando habéis llorado me di por satisfecha.” Y es que ella dice que cuanto más crees que sabes, más te distancias de la gente, porque conectas con las razones y con la lógica. Por eso, si quieres acercarte a alguien, debes tratar de buscar una emoción compartida. Algo que os haga vibrar. Un sentimiento que sea tan grande y tan cierto, que merezca la pena llorar por él.

Gracias a lo que nos contó Mireia, tengo que confesar que desde el viernes no puedo parar de pensar si es suficiente. ¿Es suficiente con lo que he hecho hasta hoy? ¿Son suficientes mis ganas y mi motivación?¿Es suficiente mi alegría y mi pasión? ¿Es suficiente el legado que estoy dejando al mundo? ¿Mi vida es suficiente para cambiar el mundo?… ¿Cuánto es suficiente?

Sinceramente, desconozco si al final de esta clase tenemos un poco mas claro nuestro proyecto de Design Thinking. Probablemente no. Pero quizás, empezar a sentir algo sea un muy buen punto de partida. Quizás hacia falta que viniera alguien a recordarnos que siempre podemos dar más, sentir más, implicarnos más, participar más, compartir más y amar más.

Porque si algo he aprendido es que nunca es suficiente.

Pati “La cosechadora”

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