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Poco a poco el máster avanza, y las clases de Design Thinking van indagando en nuestro interior para sacar a la luz esa creatividad, expectante de florecer.

Me viene a la cabeza el primer taller de innovación con Nacho, cómo podía ver el brillo en los ojos de cada uno de vosotros. “¿Qué harías para cambiar el mundo?” Al principio todos teníamos una actitud escéptica, “¡menuda responsabilidad! ¿Qué demonios puedo hacer yo para cambiar el mundo? Esos son asuntos que aborda la gente diferente, esa que va a Singularity, esos cerebros fuera de lo común…” El miedo es la barrera inicial ante lo desconocido, a no ser capaz; a fracasar. Pero conseguimos desterrarlo y lanzarnos a la piscina, de cabeza, con proyectos que nos sorprendieron hasta a nosotros mismos.

Y cuando creíamos haberlo visto todo, aparecieron Iranzu y Toni, proponiéndonos mejorar la experiencia de tomar un café. “¿Esto es una broma?” “¿Pero acaso no está todo inventado ya?” De nuevo el escepticismo inicial dio paso a que creyéramos en nosotros mismos y, tras días de brainstorming y “co-creación”; de patearnos las cafeterías de Malasaña (y acabar taquicárdicos), volvimos a proponer ideas locas: desde Drondejas hasta Cafés Canguros, entre otras muchas cosas.

Esas primeras clases despertaron una pequeña luz en nosotros, que poco a poco se va haciendo grande a medida que avanza el curso, cada vez que proponemos proyectos innovadores: cada vez que soñamos con un mundo mejor. Nunca nos han enseñado a salirnos de la línea, a ser atrevidos y hacer las cosas a nuestra manera. Pero no os preocupéis, ¡AHORA es el momento! ¡Es nuestra oportunidad! Las reglas no están escritas, únicamente tú decides hasta dónde quieres volar. Esto es parte de la magia que desprende Design Thinking, cada clase es un misterio: nunca sabes qué vas a encontrar.

El viernes, con las pilas cargadas… y el estómago lleno (¡gran idea, señorito Trueba!), retomamos nuestros proyectos: propuestas de valor para cambiar la vida de las personas.

Hasta hace bien poco las empresas diseñaban productos con el fin de crear necesidades. En pleno siglo XXI esta visión está quedando obsoleta, y ha dado paso al diseño basado en las personas. ¡EMPATÍA! Debemos calzar los zapatos del prójimo para descubrir sus necesidades reales; empaparnos de sus palabras para comprender sus dolores, inquietudes y deseos. ¿Qué le falta? ¿Cómo puedo mejorar su vida?

Pero nunca te olvides de lo más importante.

¿Quieres conseguir un cambio? ¡ENAMÓRATE DEL PROBLEMA!

Descubre qué necesita el mundo, cree en ti y ¡avanza!, hacia delante, y hacia atrás.

Repite el ciclo millones de veces: iterar, iterar, iterar.

 

El reino de las posibilidades está dentro de nosotros…

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“Piensa, sueña, cree, atrévete”.

Walt Disney.

 

La “cosechadora”,

Lorena Carbajo.

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